¿Por qué no tenemos paciencia?…

¡Hola a tod@s!

¿Que tal lleváis el fin de semana??

¡Espero que fenomenal!!

Y que esta semana no hayáis tenido que parar, muchas veces, para hacer ejercicios de respiración por estar sobresaturad@s…

Pero si habéis tenido que recurrir, a los ejercicios que os proponía en el reto de esta semana, espero que os hayan permitido descargar estrés y seguir hacia adelante mucho más liger@s.

Ya me comentaréis: ¿habéis combatido el estrés, con ejercicios de respiración esta semana? o ¿no os han hecho falta?

Estaba pensando, ayer …  mientras observaba de cerca un niño pequeño, que cuando tratamos con ellos, los adultos, tenemos mucha paciencia (sálvense excepciones, que no se aguantan ni a ellos mism@s) y ¿por qué lo hacemos así? … pues verdaderamente porque comprendemos que los bebés, particularmente de 0 a 3 años, aunque son súper listos y unas esponjas aprendiendo todo tipo de cosas, no tienen capacidad para gestionar sus frustraciones, ante algo que no les gusta o no quieren hacer, por ejemplo: cuando a un niño no le gustan las verduras y tú sabes que son buenas y debes dárselas, puede que te de un manotazo, lo manche todo, pero tú con cariño le dirás palabras bonitas y le invitarás a jugar o prestar atención a otra cosa, para que se despiste de la rabieta y le puedas dar una cucharada, así puede pasar un rato largo y realmente, al final consigues que se lo coma, casi siempre 😊

¿Por qué tenemos esa santa paciencia con los bebes y cuando nos relacionamos con personas adultas o adolescentes, la paciencia se acaba mucho más pronto?

Yo saco en conclusión, que se obtienen mejores resultados cuando el cariño está presente y la paciencia no se acaba.

Es difícil, lo sé y también influye muchísimo el nivel de estrés que tengas ese día, porque es como un vaso de agua que se llena, no es lo mismo que este vacío, a que esté medio lleno porque cabe mucha menos agua para que se pueda desbordar.

¿Que podemos hacer entonces, para desarrollar la paciencia? ¿Existe alguna fórmula mágica?

Podemos conseguirlo, otra vez mas, gracias a la respiración. En el momento que seamos conscientes, de que algo nos afecta, en una conversación, o en cualquier situación en la que interactuemos con alguien, sea un niño o un adulto de cualquier edad, si nos ponemos nerviosos y lo siguiente que va a salir de nuestra boca es un grito o una mala palabra, parémonos un momento, mientras escuchamos al otro, para inspirar profundamente y soltar el aire despacio varias veces, porque esto nos equilibra, nos devuelve la cordura y nos permite comentar las cosas de forma sosegada y tranquila, porque no es lo que se dice sino como se transmite lo que afecta a los demás.

Os doy ese consejo que yo practico y que como o pasará a vosotr@s alguna vez, no consigo superar la prueba el 100% de las veces, pero cuando pongo el foco de atención en hacerlo y soy consciente de ello, mi mente se equilibra y esa emoción negativa que está aflorando en ese momento se calma.

De esta forma, conseguimos ponernos en el lugar del otro, para poder comprender mejor sus circunstancias, a través de la empatía y  gestionar mejor la situación.

Espero que estáis pasando un feliz fin de semana que os aporte fuerzas positivas que os duren toda la semana.

Espero que os guste lo que os cuento, un abrazo

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